Se nublan los pensamientos, tal como los días que agonizan cada tarde en la vida, en la vida que camina ahí, en los negros cruces atestados de automóviles ciegos, ciegos, trasladando pasajeros igualmente ciegos soñando, ideando sus propias tristes vidas de vida triste encerradas, atadas a la rutina, a lo imperecedero de lo infinito que aterra y enceguece. . .
el camino yace ahí, tirado, muerto, sobre mi vista, dirigido al horizonte, hacía el horizonte de la consciencia, y emergen allí las fábricas, las lúgubres fábricas psicológicas que entristecen la tierra en la que habitan los hombres, las mujeres y los niños, los niños que cuelgan, por gusto propio, de cabeza mirando al mar, al mar impasible que observa cual bestia cómo lo sonoro del pánico se apodera de los corazones y las entrañas de los habitantes de Ventanas;
oh, Bestias!, muerden, muerden la mentira lógica de iguales Bestias Políticas: blasfemas, sarcásticas, impuras e indignas para lo que fue la pureza del cielo, como sexos abiertos, azul, azules, infinitamente azules a los sueños húmedos de moluscos negros, ya cenizos, ya melancólicos, ya tristes, irremediablemente tristes por la agonía no-natural;
bucólica Ventanas, la contaminación, la contaminación y la infame mentira dialéctica-política-capitalista corroen y muerden tus ensangrentadas entrañas!.. humean las chimeneas, humean, humean los matemáticos residuos de los hombres grises, hombres de negocios, pragmáticos, geométricos, cuadrados, hombres-mercaderes contaminando los ojos, los ojos y la mente y las manos silicosas del cansado obrero, o como pájaros, o como pájaros que les cortan las alas y sangran, sangran agua salada de sus cóncavas sangrías;
y los paseos, los Quitasoles saludando, inmensamente blancos, puros, blancos, hacia el poniente, hacia el Sol serpenteante de lo claro-oscuro del pensamiento, y los paseos de tierra-arena, inamovibles al viento del crepúsculo y a los pasos de la muchedumbre resignada, estúpidamente resignada y vendida a que le pongan precio a su agonía..; y con el vómitos del mar surgen las playas, las playas atestadas de vida, llenas de vida, de gritos, de llamados, ¡OH, VIDA!, surges, vida, desde la inconsciencia de la muchedumbre hacia la individualidad de la muerte, la agonía y muerte a la que nos condena la vida por el simple hecho de vivir. . .
─Caminas, caminas por la soleada acera de la vida, Ventanas, y de repente emergen ahí, como tallos de flores mecánicas, malolientes, macabras, lúgubres, (─cuya flor se abre marchita, horridamente marchita..─), las chimeneas cubriéndote, y cubriéndome, de ceniza el Pensamiento!..
. . . Símbolos fálicos del Progreso: a qué precio, a qué precio.. Pero a qué precio devalúan lo invaluable de lo Humano?!..
¡Chimeneas, las saludos por ser la G R I S infamia de la vida!
miércoles
viernes
Prometeo.
. . . He sido creado cual máquina negra, negra, máquina ennegrecida, máquina de obscuros propósitos, y veo ahí, veo ahí, veo como mi creador no es tal, no es tal como se piensa, como se piensa el ser desvanecido siendo la niebla que abraza a la lluvia inútilmente;
el espanto atragantado del cual he nacido, con la boca abierta, muy abierta, abiertísima, sin poder hablar, sin poder susurrar, ni gesticular, sólo gritar mi destino, mi camino, mi sentido, mi sentido de gritar-retumbar como caja de resonancia de los pensamientos de todos-y-uno; hacer llover, hacer llover universos, universos crepusculares ensangrentados, muertos, muertos, cadavéricos, vacíos universos vacíos a los cuales he de nombrar, recrear, pues para eso he sido parido desde el espanto de la existencia, hacer la recreación efectiva-expresada, expresada y recreada;
en la ausencia, en la más completa ausencia, la diferencia se acrecienta de luz nocturna,
las diferencias que nos construyen-deconstruyen, las sombras, las sombras que nos proyectan a la nada del infinito,
reflejo,
reflejo obscuro, multiforme,
geométrica sombra de la nada aúllas, aúllas como un quiltro abandonado y hambriento a la tierra que te pare, que te pare vomitando la existencia de sí mismo, escupiendo sombras, la existencia mía de nocturna significación.
Me agoniza el descanso de las manos, me agoniza, imberbe, fútil, fútil, como flor de adorno, flor marchita de adorno, como una flor negra, asfixiada, asfixiada de las manos, de la garganta, se me asfixia el ser, ¡se me asfixia el ser tremendo!,
ser enfermo, ser interno, la consciencia negra, negra como la consciencia misma, negra, ennegrecidamente negra, ¡la consciencia como la consciencia!, !la consciencia negra como la vida que me emerge aquí, en la garganta, bajo la lengua, bajo la lengua,
la lengua que naufraga en sí misma, se despedaza, se troncha cual acantilado repleto de pedazos de seres, de seres, de fetos, fetos abortados, ideas, ideas ensangrentadas, muertas, muertas!..
de cenizas grises, ampulosas, como animales, como animales de campos, tristes, con la mirada triste del destino marcado en el rostro, ¡con la vida misma marcada a sangre en el rostro!, con el rostro faenado, procesado en el matadero matemático-fétido, fétido de la muchedumbre bruta, bruta como asnos brutos, tontos, imbéciles, imbéciles-estúpidos, brutos, pero con la fuerza del universo bajo sus patas, en la tierra que los sostiene, irremediables;
la tierra, la tierra que se deshace en las manos empuñadas, como quien empuña la puñalada que atraviesa mi garganta.
El ser, el ser que se despedaza en la vista de lo visto, lo visto, lo vivido, se deconstruye a la manera de lo melancólico, lo melancólico que deconstruye el ser-ahí, el ser-ahí; se me cae el ser de la boca,
se me cae, vertiginoso, el vértigo a la nada, el vértigo de ver que nada existe, nada, absolutamente nada,
y que lo que existe es porque existo y tengo consciencia de la mentira autoimpuesta. . . me agota el aliento, la respiración,
solo, solo, me agota la creación, la significación de la realidad del espanto, del espanto, que resurge, que renace donde veo y extiendo infinitamente los brazos, en lo prometeico de las palabras;
y con la palabra se me hacen tierra las entrañas, tierra pútrida, palabra pútrida;
se me humedecen los (sin)sentidos de hálito crepuscular. . .
el espanto atragantado del cual he nacido, con la boca abierta, muy abierta, abiertísima, sin poder hablar, sin poder susurrar, ni gesticular, sólo gritar mi destino, mi camino, mi sentido, mi sentido de gritar-retumbar como caja de resonancia de los pensamientos de todos-y-uno; hacer llover, hacer llover universos, universos crepusculares ensangrentados, muertos, muertos, cadavéricos, vacíos universos vacíos a los cuales he de nombrar, recrear, pues para eso he sido parido desde el espanto de la existencia, hacer la recreación efectiva-expresada, expresada y recreada;
en la ausencia, en la más completa ausencia, la diferencia se acrecienta de luz nocturna,
las diferencias que nos construyen-deconstruyen, las sombras, las sombras que nos proyectan a la nada del infinito,
reflejo,
reflejo obscuro, multiforme,
geométrica sombra de la nada aúllas, aúllas como un quiltro abandonado y hambriento a la tierra que te pare, que te pare vomitando la existencia de sí mismo, escupiendo sombras, la existencia mía de nocturna significación.
Me agoniza el descanso de las manos, me agoniza, imberbe, fútil, fútil, como flor de adorno, flor marchita de adorno, como una flor negra, asfixiada, asfixiada de las manos, de la garganta, se me asfixia el ser, ¡se me asfixia el ser tremendo!,
ser enfermo, ser interno, la consciencia negra, negra como la consciencia misma, negra, ennegrecidamente negra, ¡la consciencia como la consciencia!, !la consciencia negra como la vida que me emerge aquí, en la garganta, bajo la lengua, bajo la lengua,
la lengua que naufraga en sí misma, se despedaza, se troncha cual acantilado repleto de pedazos de seres, de seres, de fetos, fetos abortados, ideas, ideas ensangrentadas, muertas, muertas!..
de cenizas grises, ampulosas, como animales, como animales de campos, tristes, con la mirada triste del destino marcado en el rostro, ¡con la vida misma marcada a sangre en el rostro!, con el rostro faenado, procesado en el matadero matemático-fétido, fétido de la muchedumbre bruta, bruta como asnos brutos, tontos, imbéciles, imbéciles-estúpidos, brutos, pero con la fuerza del universo bajo sus patas, en la tierra que los sostiene, irremediables;
la tierra, la tierra que se deshace en las manos empuñadas, como quien empuña la puñalada que atraviesa mi garganta.
El ser, el ser que se despedaza en la vista de lo visto, lo visto, lo vivido, se deconstruye a la manera de lo melancólico, lo melancólico que deconstruye el ser-ahí, el ser-ahí; se me cae el ser de la boca,
se me cae, vertiginoso, el vértigo a la nada, el vértigo de ver que nada existe, nada, absolutamente nada,
y que lo que existe es porque existo y tengo consciencia de la mentira autoimpuesta. . . me agota el aliento, la respiración,
solo, solo, me agota la creación, la significación de la realidad del espanto, del espanto, que resurge, que renace donde veo y extiendo infinitamente los brazos, en lo prometeico de las palabras;
y con la palabra se me hacen tierra las entrañas, tierra pútrida, palabra pútrida;
se me humedecen los (sin)sentidos de hálito crepuscular. . .
martes
III.
Canto, canto, dentro de mí se gesta el canto.
el canto, el canto polifónico, se gesta de verde, acumulado,
acumulado de puñaladas exactas contra mi sentido humano,
mi canto humano, mi YO humano.
De-canto el canto herido, ilusionado, apasionado,
apasionado ante tu figura hecha actitud natural de naturaleza, de fuerza, de fuerza creativa, caótica, caótica;
gesto el caos, gesto el caos cuando abrazo tus manos y el canto. . . manos que son gesto de fruto, frutales, fragantes, pequeñas raíces en la teoría de lo imperecedero e infinito;
brotando ahí cual hoja, cual semilla enterrada en la tierra, en tu vientre la boca;
alimentas el aire de aire, de palabra, de irremediable gesticulación y articulación la tierra; amas riendo, hablas, dices:
─Sonríe, que no estás muerto;
y ríes con las manos en mi rostro, dibujándome la imagen, la hórrida imagen; que todo sea imagen. . ! ─imaginación. ..─,
que mi canto sea imagen, dices, la creación de la creación, el génesis, la physis fotográfica, cinematográfica, mecanizada, automatizada de los sueños obnubilados. . .
La tierra aún está húmeda, nos sonríe también,
Hecha de azul, la grieta atmosférica
(Una plumilla coqueta, perdida, de algún pajarito anónimo nos revolotea el rostro
y l o s v i e n t r e s.)
Y la curva geométrica del volante
Se nublan los atardeceres alquilados por la orbita galáctica del universo, naufragan, naufragan plácidas,
el canto, el canto polifónico, se gesta de verde, acumulado,
acumulado de puñaladas exactas contra mi sentido humano,
mi canto humano, mi YO humano.
De-canto el canto herido, ilusionado, apasionado,
apasionado ante tu figura hecha actitud natural de naturaleza, de fuerza, de fuerza creativa, caótica, caótica;
gesto el caos, gesto el caos cuando abrazo tus manos y el canto. . . manos que son gesto de fruto, frutales, fragantes, pequeñas raíces en la teoría de lo imperecedero e infinito;
brotando ahí cual hoja, cual semilla enterrada en la tierra, en tu vientre la boca;
alimentas el aire de aire, de palabra, de irremediable gesticulación y articulación la tierra; amas riendo, hablas, dices:
─Sonríe, que no estás muerto;
y ríes con las manos en mi rostro, dibujándome la imagen, la hórrida imagen; que todo sea imagen. . ! ─imaginación. ..─,
que mi canto sea imagen, dices, la creación de la creación, el génesis, la physis fotográfica, cinematográfica, mecanizada, automatizada de los sueños obnubilados. . .
* * *
El De-Canto.
La pared, la pared sonora del tiempo
se cae a pedazos ante el silencio tuyo y mío,
y mío es el silencio, cual Universo ausente de cuerpos celestes,
calla revelando lo oculto en su pecho de paloma herida.
Bajo una pequeña sombra de durazno cenizo, nos fotografió el Sol,
nos fotografió, nos fotografió las almas,
las almas hecha carne, carne hecha almas.
Sincrónicos, sincronizados, sin cronos,
sin tiempo,
infinitos, infinitos, infinitos,
infinitos con los bolsillos vueltos hacia afuera, porque no necesitamos tiempo,
no necesitamos del tiempo.
Juega la niebla entre nosotros, respirando,
─inhalando, exhalando─, entre nosotros juega,
como juegan las pequeñas bestias en el lecho de un río,
y las hojas del Árbol esquivan los trastabilleos del Sol y el Viento.
Cordial, un membrillo añoso nos rasca la cabeza al saludarlo, sonríe,
sonríe su edad hecha círculos marcados en su rostro,
arañando su cítrico rostro amarillo el Sol polvoroso.
La tierra aún está húmeda, nos sonríe también,
nos sonríe un caracol, y sobre este va el universo a cuestas (Respiras; espiral); y la dialéctica matemática de tus pasos
inunda el pavimento de pájaros que se te han caído de la cabellera,
y sobre el pavimento, el pavimento ardiendo, ennegrecido aletean, renaciendo.
Hecha de azul, la grieta atmosférica
abraza mi contorno llorando con el rostro
borrado por la hojas de un árbol tronchado
por lo ojos. . , con la boca enterrada en la tierra,
aullando, a u l l a n d o, el desmembramiento
de un hermano y la psicopatía de las tijeras.
Los días caen hechos ayer, ayer de un ayer,
de un ayer, de un ayer,
de un ayer hecho hoy, como una gota perdida
en la húmeda atmósfera filosófica de tu labia;
evolucionan los días, nacen-evolucionan-mueren
en tu mirada geográfica-lógica de niña perdida en mí,
la ausencia. . .
En la línea férrea de un tren
partimos al camino infinitesimalmente, y el automóvil,
el automóvil de G R I S nos pregunta
el motivo de tener
las sombras a nuestras espaldas ennegrecidas
los sueños de “Dios”.
(Una plumilla coqueta, perdida, de algún pajarito anónimo nos revolotea el rostro
y l o s v i e n t r e s.)
Y la curva geométrica del volante
se hace realidad en la carretera; realidad,
la realidad, todo se hace
grotesca realidad señalética
ante nuestro gesto de pánico acústico.
Las nubes se desdibujan en mi rostro;
y en el tuyo se condensan,
rasgando el húmedo velo de frío.
. . . Vacas pastan plácidas el pasto seco de mi negra cabellera. . .
Se nublan los atardeceres alquilados por la orbita galáctica del universo, naufragan, naufragan plácidas,
naufragan cual plomo submarino de un buzo socrático en la verdad,
la verdad hecha mar finito, y, sin embargo, cuántico.
A escupitajos, el Mar, dibujó la postal ecléctica de Valparaíso
en los cerros ─en los hechos, la historia, los pasos, la multitud. . .─, en los cerros hechos de miseria,
M I S E R I A, miseria humana; Y la lógica de los hechos fenómeno-estéticos siguen, siguen,
siguen su propia programación caótica, caótica, donde el incremento de
los valores-variables suceden, suceden en lo más profundo de la respiración ahogada por el humo de un incendio prehistórico;
se ríe el algoritmo de “Dios”, se ríe el a l g o r i t m o de “Dios”, tremendamente horripilante,
grande, grande como el crepúsculo de Sol nocturno,
el
U
n
i
v
e
r
s
o
.
.
.
jueves
Antíphysis
En el sueño de un cuesco de durazno, "Dios" es un insecto recorriendo un brazo poblando de bosques de universos el universo; el brazo se sacude, porque "Dios" muerde a su creador,
y este cae formando espirales geométricas, aprendiendo, él, el lenguaje matemático de la muerte y su agonía, su propia agonía
y se suspende en el aire para arrojar una moneda; circularmente, la onda se expande reflejándose, "Dios",
y se ve, llevándose el espanto al hocico por ver a un hombre espantado de su espanto por el reflejo.
Entonces, "Dios", dijo:
—Haré del hombre mi reflejo, sus ojos serán mares y su boca escupirá mi espanto en la tierra quemada.
Y se rió;
(«y vio, cual Viento, que era bueno e hizo al tiempo el sin fin: el segundo, el vigésimo, el milésimo, el eterno génesis.»);
se hizo la antíphysis mecánica infinita;
el sueño, la hórrida paradoja, se cae a pedazos,
a pedazos, a pedazos de hombre el vitral, de hombre.
y este cae formando espirales geométricas, aprendiendo, él, el lenguaje matemático de la muerte y su agonía, su propia agonía
(... —Fibonacci se me ríe entre los dientes y la lengua—, otra vez...)...
Y revisa sus bolsillos cargados, llenos, de tremenda noche insomne, pronto a caer a un charco de agua, y se suspende en el aire para arrojar una moneda; circularmente, la onda se expande reflejándose, "Dios",
y se ve, llevándose el espanto al hocico por ver a un hombre espantado de su espanto por el reflejo.
Entonces, "Dios", dijo:
—Haré del hombre mi reflejo, sus ojos serán mares y su boca escupirá mi espanto en la tierra quemada.
Y se rió;
(«y vio, cual Viento, que era bueno e hizo al tiempo el sin fin: el segundo, el vigésimo, el milésimo, el eterno génesis.»);
se hizo la antíphysis mecánica infinita;
el sueño, la hórrida paradoja, se cae a pedazos,
a pedazos, a pedazos de hombre el vitral, de hombre.
martes
II.
Brotan las turbias aguas de la vida en la tierra,ennegrecida,
obscurecida de las manos y la cabeza, arrasando,
arrasando y pateando con hedor tremendo las raíces de mi cabello tornasol; brota,
brota como caldo primordial, brota esencial, de la vida, chorreando,
chorreando y arrojando su miasma fétido, brotado y lleno de pus, brotado, a mi boca entreabierta,
miasma pútrido, como
ojos de paloma muerta, extinta, silenciada, atragantada con un pan duro en azogue lanzado, lanzado y escupido, desde alguna ventana de edificio postmoderno a la calle empedrada, llena de piedras muertas, de la ciudad; y mi boca se pudre, cual un huracán marchito,
con ÉL, con ellos, con DIOS, con DIOS y la metafísica, se pudre, se pudre, se pudre cayendo a pedazos, cayendo a pedazos mi lengua se pudre, se pudre;
y brotó, brotó, ahí, en medio del pavimento del mundo, solo, solitario en la ausencia, decapitado; y,
donde (y cuando) la función biológica-mecánica de la vida se hace presente en el verbo, la ataraxia del hombre se hace urbanidad y muere, asfixiada, destrozada, rodando cerro-abajo, despeñándose,
o tirada ahí, hambrienta como paloma coja, en el pavimento trasnochado.. .
. . .
. .! De cenizas, de verdes, cenizas y verdes, y azules, la ceniza cae, cae, cae irremediable, como mis ideas, las ideas se me caen como la ceniza,
la ceniza que es fruto de la combustión de las hojas marchitas-muertas; y caen las ideas formando espirales en medio de la muchedumbre, el gentío, el hastío, la urbanidad muerta que está ahí, tirada, con la silueta del cuerpo ya delineado por la policía en la calle, asesinada;(. . .),
Las nubes que se tiñen de ceniza se arrastran, como caballos, como automóviles-último-modelo,
a la manera de mi cuerpo pisoteado y arrastrado de miradas y gestos de indiferencia…
. . . Risas, risas, llanto, risas, y personas que son máscara y reflejo y sollozo tremendo; y el cielo nace de tu sonrisa, amanece junto a ti y mis pájaros salvajes:
nace el caos en tu gesto astronómico, y , fenomenal, crea agujeros negros infinitos, donde la muerte deja de ser muerte, infinitamente negros y los pájaros o las ideas caen dejando una espiral matemática indeterminada
obscurecida de las manos y la cabeza, arrasando,
arrasando y pateando con hedor tremendo las raíces de mi cabello tornasol; brota,
brota como caldo primordial, brota esencial, de la vida, chorreando,
chorreando y arrojando su miasma fétido, brotado y lleno de pus, brotado, a mi boca entreabierta,
miasma pútrido, como
ojos de paloma muerta, extinta, silenciada, atragantada con un pan duro en azogue lanzado, lanzado y escupido, desde alguna ventana de edificio postmoderno a la calle empedrada, llena de piedras muertas, de la ciudad; y mi boca se pudre, cual un huracán marchito,
con ÉL, con ellos, con DIOS, con DIOS y la metafísica, se pudre, se pudre, se pudre cayendo a pedazos, cayendo a pedazos mi lengua se pudre, se pudre;
y brotó, brotó, ahí, en medio del pavimento del mundo, solo, solitario en la ausencia, decapitado; y,
donde (y cuando) la función biológica-mecánica de la vida se hace presente en el verbo, la ataraxia del hombre se hace urbanidad y muere, asfixiada, destrozada, rodando cerro-abajo, despeñándose,
o tirada ahí, hambrienta como paloma coja, en el pavimento trasnochado.. .
. . .
. .! De cenizas, de verdes, cenizas y verdes, y azules, la ceniza cae, cae, cae irremediable, como mis ideas, las ideas se me caen como la ceniza,
la ceniza que es fruto de la combustión de las hojas marchitas-muertas; y caen las ideas formando espirales en medio de la muchedumbre, el gentío, el hastío, la urbanidad muerta que está ahí, tirada, con la silueta del cuerpo ya delineado por la policía en la calle, asesinada;(. . .),
Las nubes que se tiñen de ceniza se arrastran, como caballos, como automóviles-último-modelo,
a la manera de mi cuerpo pisoteado y arrastrado de miradas y gestos de indiferencia…
. . . Risas, risas, llanto, risas, y personas que son máscara y reflejo y sollozo tremendo; y el cielo nace de tu sonrisa, amanece junto a ti y mis pájaros salvajes:
nace el caos en tu gesto astronómico, y , fenomenal, crea agujeros negros infinitos, donde la muerte deja de ser muerte, infinitamente negros y los pájaros o las ideas caen dejando una espiral matemática indeterminada
(… ─Fibonacci se me ríe entre los dientes y la lengua─,…). . .
La tarde
La tarde
Ya es LA tarde, cae el sol, cae, cae el sol hipotético, muriendo, muere muriendo junto con la luna y sus pecas, y la noche se enluta ennegreciendo su rostro, sus manos, sus suaves manos de pajarita pequeña; tres estados,
son tres los estados de la vida cuando agonizo junto al sol, cada día lo mismo, y agonizo viendo el horizonte mientras viajo en una carretera del mismo color que mi ánimo: gris, g r i s, G R I S, la tierra está gris, está gris de las llamas de antaño…; me acurruco bajo el sueño de las hojas de un durazno, y se mece,
me mece al ritmo del canto de un susurro de los frutos, o bien gritos, sí, gritos, alaridos, alaridos que son cantados por pájaros regurgitando, alimentando a sus crías;
.
..
...
veo cómo un insecto recorre mi brazo poblado de bosques,
veo, ahí tendido, cómo un insecto recorre el brazo del mundo, borracho,
veo, ahí tendido, cómo un insecto recorre el brazo del mundo, borracho,
veo cómo un insecto, cayendo, recorre el brazo de DIOS, y DIOS recorre el brazo del universo siendo insecto en el insecto, riendo,
en lo humano,
en la idea terrible de la consciencia,
en el sueño de un cuesco de durazno somnoliento,
no
(─despierta!..).
jueves
Roble
A Teresa Mendoza.
Llueve. . . llueve. . .
Llueve; y seguirá lloviendo bajo las ramas grises que componen su geografía adusta, su cabello gris poblado de memoria e historia dolida, tremendamente dolorosa,
historia de huesos entrechocados, rotos, repletos de muertos llevados a cuestas sobre el dolor vestido y con forma de chupallita femenina; pero,
nunca existió el cansancio… . . . Nunca, nunca. . .
nunca existió el llanto agrio del miedo, no mientras estuvo bajo la quijada seca del Sol, pisando, enterrando la raíz pueblerina y polvorosa de roble en las llagas de la tierra roñosa que por camino tenía,
camino que también cultivaba, lleno de esparto y espanto,
haciéndolo fértil en cada tranco trágico, arrojando las semillitas a los surcos llagados como quien escupe oro de los dientes pútridos, porque de sus manos caían,
no,
de sus manos nacían la legión de las semillas de los hijos de los hijos de los hijos.
Ser hoja, semilla, fruto;
Ser llaga de ese roble, llegar curtido, partido, tumbado y orillado en medio del cultivo sin tiempo, el cual fue arrojado desconociendo el axioma científico-biológico, nada más que por instinto de hembra y hambre,
instinto terrible de árbol que se sabe tremendo y eterno, siendo resistente a nuestro golpeteo pequeño de susurro y brisa;
Ser pájaro muerto y crepuscular para posarme, asirme de sus ramas, y ahí construir-abolir el tiempo que pasa, irremediable, a la manera de respiración bajo la nada existencial de mis alas; irremediable e inexorable como
el dolor de ser de piedra, roble obscurecido por la universalidad de mi sombra;
Y tu sonrisa, fruto de frutos,
pienso envolverla dentro de mí,
en mi lengua subterráneay así ser raíz de roble, y albergar en él pensamiento, respiración, vértigo y caída. . .
en mi pulso deconstruido con la terrible metafísica del análisis
en mi circular hálito agónico:
Mientras no deje mi puñal de sangrar, escondido bajo mi garganta metálica, seguiré lloviendo
─porque soy quien llueve─colmando los caudales agrietados de sangre y salvia,
magníficamente,
o recién arrancadas las ramas y hojas, un tanto ya, marchitas por el olvido colectivo del recuerdo, como quien arranca de la tierra
las piedras y los hijos, raíces que son arrancadas de la tierra bruta y revuelta como vacas que, aúllan, gimen, aúllan y gimen su permanencia, gimen al
son y danza del viento que sopla mi ala derribada como una torre derruida, como un hormiguero submarino que es un
laberinto que se debe, a oscuras, palpar y recorrer, saboreando las paredes con la lengua gastada, hecha ya agua, humedeciendo lo ya húmedo;
Ser raíz de roble para enterrar los pies en el rostro sucio, marchito, ennegrecido de la tierra, y llagar y repletar de surcos el camino, camino que antes había sido colmado de soledades y ausencias, habitado y deshabitado por el vacío de la ausencia de un Pensamiento campestre,
y ahora se levanta ahí, allí, como un puñado de arenisca irreductible, la semilla del canto humano;
Y se vuelca el canto espectacularmente de cabeza, colocando donde antes estaba el inicio las entrañas desgarradas del aislamiento sonoro; especulo una consciencia, y la sangro, especulando su origen:
¿De la imagen?Ruge el silencio sobre la atmósfera, ensordeciéndola.
¿Del reflejo?
Ruge la obscuridad envolviéndome, deconstruyendo la sombra de mi sombra; y subterránea, se recoge el manto marítimo de los pies bostezando y
abrazando la circunferencia, espectacular y, añosa del roble amado. . .
La lluvia no expirará su canto alado, hoy. . .
─¿Llueves, también, sobre nuestro querido roble de piedra?
miércoles
Reflejo.
Soy
Soy muerte,
Muerte;
Soy mar y mensajero de mi propia muerte;
Ser mar y rompiente, para así
Deshabitar mi boca enferma de las palabras que la aquejan.
Deshabitarme, ausentarme, vaciarme al vacío del vacío;
Curvarme y terminar desapareciendo el vacío del vacío en el vacío propio de lo visto:
Reflejo Infinito, Infinito Reflejo.
Hablar y gesticular,
Y hablar
Abriendo, agujereando y tronchando las Grietas del Cielo;
Degollar mi garganta cargada de puñales, y sangrar;
Sangrar, irremediable
Y no morir ahí, ahí,
Cuando ya no respiro.
Soy muerte,
Muerte;
Soy mar y mensajero de mi propia muerte;
Ser mar y rompiente, para así
Deshabitar mi boca enferma de las palabras que la aquejan.
Deshabitarme, ausentarme, vaciarme al vacío del vacío;
Curvarme y terminar desapareciendo el vacío del vacío en el vacío propio de lo visto:
Reflejo Infinito, Infinito Reflejo.
Y hablar
Abriendo, agujereando y tronchando las Grietas del Cielo;
Degollar mi garganta cargada de puñales, y sangrar;
Sangrar, irremediable
Y no morir ahí, ahí,
Cuando ya no respiro.
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